lunes, 10 de diciembre de 2018

Sola

Abro la puerta de mi "departamento", cargo con mis dos mochilas y las arrojo al suelo, una trae ropa que apesta a cigarro y la otra con las pocas pertenencias que me quedan.

Me siento y medito.

Aparte de mi pez, ¿alguien notaría mi ausencia?

No lo creo, llevo mucho tiempo viviendo de esta forma, mis amigas dejaron de ser mis amigas, no tengo familia, tengo una pareja que me hace sentir más sola y soy reemplazable laboralmente.

Aún así aquí estoy, esperando a que la quincena llegue, para que vuelva a tener crédito en mi tarjeta y poder gastar en comida; solo me quedan $50 para ir al trabajo esta semana, ¿cómo pasó?

¿Y la deuda de 300,000 de una casa que terminé pagando y que ni siquiera está a mi nombre?



Pronto me cortarán el internet, aunque ¿quien lo necesita si no tiene un contacto real con el mundo?

Tengo mucho frío, desearía por un momento que alguien acabase con mi vida, ya no quiero calor humano, no quiero compasión, ni siquiera ayuda, quiero morirme.

Estoy harta de que un momento esté en la cima, muy por lo alto de los demás y al siguiente esté en la miseria.

Preferiría morir a volver a tener luz.

Ya no quiero cosas efímeras, tampoco deseo ya atesorar momentos preciosos,  esas personas no los recuerdan.

Quiero hundirme y asesinar mis sueños.

Quiero quemar las noches que no mueren y arrojar las cenizas al mar.

Desearía tanto empujar a esa niña, que cayera a las faldas del Iztaccíhuatl y que jamás tuviera que sentir esto.

Qué lamentable, acabar así.