sábado, 28 de mayo de 2016

¿Vestidos?


Antes de continuar mi relato deben tener un sentido de lo que pasé en el ámbito social.
Primeramente hablaré sobre mi forma de vestir.



***
Introducción

Casi nunca he hablado sobre esto, de hecho jamás lo he hecho...

Se trata de estas hermosas cosas llamadas vestidos.


Azul Cobalto


Y es que joder, me encantan, desde niña siempre he preferido un hermoso vestido a un pantalón. Desgraciadamente los tiempos cambian y  actualmente es casi imposible salir a la calle con uno puesto porque en primera está aquello llamado acoso.

Una vez salí con mi hermoso vestido de puntitos a una entrega de diplomas en Zacatenco, pues bien al subir al metro todo iba de maravilla, hasta que me di cuenta que un wey se me estaba acercando, lo que hice fue alejarme, pero eso no le bastó y buscó la forma de volverse a acercar a mí, pero eso fue sólo el inicio porque al final ya no era uno, sino varios weyes que me iban siguiendo con la mirada o a veces con frases muy incómodas.


Segundo, el clima. Aquí el clima es tan nena que a fin de cuentas si no sales con paragüas te arriesgas a quedar atrapado por minutos en un local techado para no mojarte, ahora imagínate si sales con un vestido! Puede ser que al final el clima te ayude y esté soleado, pero desgraciadamente aquí también las ondas de viento son muy fuertes y ocurren los accidentes.


No, cuando se te alza el vestido por el viento no te vas a ver como Kylie en Aphrodite,
tampoco como Cosette cuando paseaba con Jean Valjean y se le veían sus piernitas. 
La realidad es que te sientes incómoda.


Tercero, la moda. Sí esa cosa no sé ni qué es (creo que se refiere a tendencias), pero de algo estoy segura y es que para la mayoría de las tiendas departamentales está de moda la onda vintage, y es que las mujeres de ahora usan tops, sombreros o gorras, blusas tipo vintage o shorts de mezclilla, como sea ver a una chica con vestido está 'out' si no tiene estampados de florecitas (aunque no están tan mal, de hecho tengo 3 de esos y aún me quedan y eso que los tengo desde la secu.).


Expertas en Vintage: Yuya y Annie (la de paperpop).




En fin, en mi caso hay un agregado más para no usar vestidos en público...

La razón más espantosa que le puede ocurrir a una mujer es que tenga el gran físico de Katy Perry.


Los que me conocen lo saben muy bien, los que me empiezan a conocer me fastidian bastante y es que no hay un solo fucking day en el que pueda estar tranquila sin que me digan cosas como: "¡Quítate ese saco!", "¿qué no tienes calor?", alguien una vez me dijo que me iba a golpear si no me quitaba la chamarra y me empezó a corretear por toda la escuela...

Pero la peor es:
 “¡Deja de taparlas! Si yo tuviera unas grandes bubis como las tuyas las presumiría todo el día”




FAQ!

Y sí, eso es mi vida cotidiana.

No, no rifa que te digan tales tontadas, pero bueno, a lo que vine hoy es a hablar de eso, a como tengo que adaptarme.


El inicio

Antes cuando era niña, me encantaba ir a revolcarme a la tierra, correr mientras llovía, esconderme en los suelos, terrenos baldíos o techos, y trepar árboles o pedazos de muros, o  saltar aquellos gigantescos tubos de concreto...



Ah, qué días, neta.

Fueron buenos tiempos porque no existía eso de te van a robar, eran días en los que salíamos a jugar al campo y canchas a las 11 de la noche,  cualquier casa servía de escondite, es más hasta los adultos se unían a nuestros juegos, yo todavía llegué a jugar canicas, yoyo, tazos de pokemón... el fútbol no era solo para niños, todos entraban a jugar. Las muñecas eran para días de lluvia o domingos vacacionales y todas las morras sacábamos nuestras cocinitas y verduras falsas.

Todo era muy divertido, pero en ningún momento de mi vida me di a la tarea de fijarme en como vestir, ni yo ni nadie. Porque solo importaba una cosa, divertirse al máximo.

Recuerdo que mis vestidos de niña eran una tremenda monada, lo digo porque eran realmente bonitos, y agrego a que eran muy grandes, osea, podía correr y hacer todas mis actividades sin ningún problema.




Cuando estaba en la primaria tampoco había nada que no me pareciera a excepción del estúpido pants, neta deberían pensar en los morros, esas cosas estrían la piel, desmayan a las personas si hay sol, etc.

En fin, mi uniforme era también muy mono, parecía de anime.

Aunque no lo crean, 
si me quitaba el saco era exactamente ese
hasta el moño era el mismo.


Lo genial de estudiar casi 7 años en una escuela particular no es que no te puedan reprobar, son las actividades que se hacen extraescolares, como el teatro, las artes plásticas, la lectura, la música...

Pero para mí lo más cool que había era la danza.
Pasábamos casi todo el ciclo escolar ensayando para festivales (enseñaría fotos, pero no es muy propio de mí), bailes veracruzanos, rondas, prehispánicos, brasileños, ballet, danzas españolas... me sabía casi todos los bailes regionales de México y varios de otros países.


Fue una época llena de mucha viveza, no existía el reggeaton, ni komander.


Crecer es horrible


El día del baile de la primaria me pasó algo que solo escribiré una y por última vez en mi vida:


Esta de arriba tuvo suerte porque traía brassier :'V
Aún así pude sonreír cuando acabó todo.


Cuando entré a la secundaria me tuve que despedir de mis vestidos, fue porque estaban ya muy gastados y chicos.
Y aunque no pensaba mucho en ello, fue en las prácticas de natación cuando pasó algo muy espantoso que me hizo reflexionar.



Sí, se soltó mi...

Así que después de aquello me aguanté las humillaciones que los más grandes me hacían. Total he pasado por cosas peores.

Pero eso solo fue el inicio.

Algunas de mis compañeras me miraban con desprecio, otras se burlaban de la enorme sombra que generaba mientras nos vestíamos.

A mí me tenía sin cuidado, el problema fue que tuve que cambiar mi apariencia, y es que lo normal en la adolescencia es usar blusas escotadas, minifaldas o pantalones de mezclilla pegados, en mi caso no era así, a ojos de mi madre yo era vulgar, así que adiós vestidos y moda juvenil. Y para acabarla como la señorita estudió en una secundaria pública tenía que ser sometida al cabello recogido, el uniforme cuadrado de tela mundana, las calcetas blancas, la dona blanca, el pants puesto con el short (eso fue lo peor)... no correr, no bailar, no saltar, no golpear, no gritar, comportate o te vas a la dirección, no cantes la oreja de van gogh..........

Nada me quedaba, al menos empecé a estudiar como se debe. Y conocí el cielo... Ahí en el lado más lejano de la escuela, había un jardín lleno de cactáceas, árboles frondosos, muchas flores y rosales, pasto y rocas grandes (casi volcánicas), y entre esa neblina matutina se encontraba la biblioteca, ahí y en el patio central pasaba parte de mi tiempo junto a Bony y Carlos.

El día de la salida de la secundaria exigían, a huevo, vestido blanco.
Tardé en encontrar un vestido bonito.


Y lo encontré, muy parecido a la de la imagen, pero obvio no me quedó igual.
Mis compañeros se sorprendieron al verme. Hacían una O, incluso Bety me dijo que me las operé.

u_u

Puta vida.



En la vocacional no quería llamar jamás la atención de esa manera y ya traía la costumbre de usar el saco de la secundaria, así que lo que hice fue comprar muchos suéteres, no importaba de qué forma, y usarlos.

Poco a poco fui creciendo más y más hasta que terminé usando una enorme chamarra.
De hecho todas mis fotos de vocacional la incluyen, no importa si hacía un sol del asco, yo la traía.

Y finalmente comenzó la etapa de vestido rojo.
Compré mi vestido rojo en una tienda cercana a mi casa. Cuando lo vi me enamoré de él y es que tenía el gran moño, era rojo, y era de esa tela que me fascina.

Pero seguí con mi saco de siempre.

En fin, no me arrepiento de no haberlo comprado.

Aunque al final sí se me veía muy apretado.

No es muy parecido, pero era obvio que el que usé
 tenía tirantes ya no me iba a arriesgar de nuevo.


Continuación

***


Época de paz


La superior... Esa época donde todo se consolidó. Todo cayó en su lugar y aunque no estudiaba biología hacía algo que me apasionaba mucho: La informática.

Ese feliz momento en que de repente todo se encuentra en calma...

Pero soy Mariyselita y las épocas de calma son solo un aviso.

Nunca bajes la guardia.

Las cosas iban bien, yo estaba con mis amigos hablando de mis exnovios...


Consolidación





Yo usaba algo parecido a la imagen porque hacía frío.


Y entonces ahí, bajo el escudo del IPN, junto al pasto, pasó algo...




Él y su tono azul aparecieron de nuevo en mi vida.
Los dos nos quedamos con cara de qué carajos acabo de ver.

Para mí fue como ver a un fantasma por estas razones.

  1. Él debía estar en ESCOM.
  2. De todas las personas en el mundo y justo en ese momento jamás contemplé que su existencia continuara por las causas que en las últimas entradas he detallado.
  3. Estaba completamente cambiado y me costó aceptar que era él.
Cuando vi en sus ojos la misma expresión que la mía me quedé callada.

Mis amigos me preguntaron qué me pasó y si lo conocía. A lo que acepté y dije: "es mi exnovio".

Los días siguientes fueron un trauma para mí.

Al bajar las escaleras ahí estaba con su chamarra azul eléctrico.

¿Por qué hago tanto hincapié por la ropa?

Bueno... Él fue la primera persona fuera de Krishna que me vio con ropa que no usaba en la escuela o sin chamarras.

Y me dio un horror que me viera en ese saco, no sé por qué, pero desde ese momento me sentí muy incómoda con lo que usaba, lo que vestía, lo que imaginaba.

No, era peor. Él era como si hubiera bajado de los cielos a hacerme la vida imposible, a recordarme que existía algo llamado "buen sentido de vestirse".

En ese tiempo yo cambié mis chamarras por sacos (me hacía ver menos gorda de lo que me estaba poniendo) y mis pantalones acampanados los cambié por entubados.

Cuando lo vi, la primaria, la vocacional, mi infancia y adolescencia llegaron a mi memoria. Y es que por alguna extraña razón él me las recordaba.

Quizás porque su madre fue mi maestra... O sus hermanas cuando las vi por primera vez, antes que a él, eran como dos ángeles pequeños con vestidos bonitos que solo les importaba jugar.

Me volvía loca la idea de que él estuviera en la misma superior que yo.

Esperé a que pasara algo y pasó.

En el chat de facebook él me habló de nuevo.
hola
me sorprendio verte hoy en la mañna
no sabia que estabas en upiicsa

A lo que yo respondí:

hola!
si a ti te sorprendió... imagínate yo xD
jajaja no sabes muchas cosas de mí :DDD creí que estarías en escom 

Estaba feliz, sorprendida y esperé su mensaje, pero me contestó al día siguiente, curiosamente era el cumpleaños de Juan, pero yo no estaba con él, ni siquiera me sentí mal. Eso sí agradecí seguir viendo en la superior anime porque solo de eso me hablaba.

Era como regresar a los viejos hábitos, cuando hace años nos conocimos, tal cuál nos volvimos como pan y mantequilla.

Días antes un compañero me invitó a salir (compañero de la vocacional, no diré por amor propio quién era pero no era ningún ex mío), y esa tarde de la cita Carlos me invitó a irme con él.

¿Adivinen a quién preferí?

Carlos y yo nos fuimos en un camión, ahí se inclinó ante mi brazo y vi sus ojos.

Estaban brillantes, llorosos, grandes, preciosos, me decían la verdad.

Me decía sobre lo arrepentido que se sentía.
En ese momento yo no entendía por qué, pero caí. Luego me contó, aunque yo lo sentí más que me estaba presumiendo.

Me sentí como NANA cuando iba en el tren con Hachi, me dediqué solo a escucharlo.

Ese jovencito y sus historias más locas que las mías.

A diario buscaba pretextos para salirme con él, a veces tenía clases, pero quería estar con él, quería escucharlo y que él se recargara en mi hombro. Quería tocar su cabello.

A diario nos íbamos juntos hasta que un día me pidió lo que quería escuchar por orgullo propio.

Sé mi novia.

Yo en ese tiempo tenía 3 caminos, esperaba a Krishna pacientemente sin importar qué, esperaba a que Juan dejara de ser un gilipollas y tenía frente a mí a ese jovencito tan prometedor, tan joven, tan víctima.

A lo que acepté.




La tragedia


Nuestra relación comenzaba a mejorar, de hecho los viajes en autobús nunca fueron tan más excitantes. Él tenía que saber mi vida por completo debido a que si se enteraba por otros medios eso complicaría nuestra existencia y yo ya quería hacer más cosas con él.

Así que un día en que no me sentía cómoda con él, le dije en menor medida lo que me pasó en la vocacional, no todo y tal vez desvirtué algunas cosas, pero generalmente se lo dije.

Entonces él hizo algo que me dio mucho miedo.

Cruzó los brazos y me dijo que si él me decía lo que le pasó que esa sería la última vez que lo haría y que definitivamente si no me gustaba lo que me decía que lo nuestro acabaría para siempre.

Acepté sin saber las consecuencias que sus palabras me ocasionarían.

Al principio no me generó ningún malestar.

Hasta que me di cuenta que posiblemente él sólo me vería de juego porque pasó algo que me dolió como si todo lo malo se acumulara en un solo momento de mi vida.

Ahí en ese momento está la clave de mis inseguridades y peores temores.

Estábamos celebrando nuestro mesiversario.

Recuerdo que nos compramos dangos, yo tenía uno rosa y él uno azul.

Los dangos se volvieron muy especiales.

Fuimos al cine como antes, oh... qué felicidad!

Entonces por algo fue que le pregunté mi nombre completo... y él... no se lo sabía.

Carlos, ¿cómo me llamo?

Ya llevábamos tiempo juntos, él incluso decía que me amaba, yo me dejaba toquetear por él, nos conocíamos de años y él... no se sabía mi puto nombre.

Me sentí traicionada en primera por el grado de sensible que soy, segunda porque nuestra relación estaba progresando para llegar a algo íntimo y tercera se estaba riendo sin que el momento lo requiriera.

Mi orgullo idiota!

Eché a correr como hace tanto no lo hacía, como acostumbro para huir de mis problemas.

Y pum! El Dango rosa se perdió.

Él vestía esa camisa azul y lo odié.


Me sentí peor cuando me di cuenta de que el dango ya no iba conmigo. Me detuve y Carlos se me acercó disculpándose. Cuando le dije lo del dango él dijo que lo buscaría. Pero no tenía ningún sentido.

Yo en ese momento interpreté aquella pérdida como si no estuviéramos destinados.

¿Confianza? Estaba totalmente perdida, ¿amor? ni quería imaginar que eso lo era.

Cuando me calmé me llevó al cine de nuevo. Pero yo ya no quería ni verlo.
Me dolió tanto que ni siquiera estaba poniendo atención a mi.......

¡El puto Dango!

Una chica que vestía muy fresca lo tenía metido en su bolso.

Sin pensar le dije a Carlos y él me dijo que me compraría otro. Pero no, yo quería ese porque en ese momento se volvió un símbolo de esperanza.

Yo misma fui y lo pedí a la chica que sin entender me lo dio.

Tener ese estúpido dango rosa me hizo creer en el destino, que tal vez algún día Carlos estaría verdaderamente fijado en mí, que algún día yo sería quien realmente le partiría el corazón a alguien y que esa persona daría todo para estar a mi lado, pero más que nada, que algún día yo volvería a sentir que recuperaría (como ese Dango) lo que me quitaron: el amor a mí misma.

Entonces me quité las blusas en casa y las cambié por vestidos. 

Y comencé a contarle toda mi vida a Carlos, honesta y repetitivamente, para que un día él no olvidara con quien está hablando y tal vez un día se de cuenta de que está enamorado completamente de mi.





Dango,dango,dango,dango 
una gran familia dango 
un revoltoso dango tostado, 
una dulce haba dango. 
los reunes a todos y es 
una familia de cien.. 

Un bebe dango siempre es 
mecido con felicidad.. 
un viejo dango mira fijamente 
con sus ojitos rasgados 

Los amigos dangos sontendran 
sus manos y formaran un gran circulo, 
ellos encontraran un pueblo 
en un planeta dango y sonrieran 
todos juntos 

Los conejos los saludan 
desde la gran luna, 
junta los momentos felices 
y tristes... 



sábado, 21 de mayo de 2016

Tercera parte



Cerrando ciclos


Habían pasado dos años sin saber de Carlos.


Por las noches solía imaginar que varios de mis exnovios regresaban a mí, pero a él jamás lo fantasee, la razón era que estaba 100% segura que no le gustaba nada.


Como sea, no tenía ni tiempo de pensar en malos amores.

Mi madre empezó a tener problemas, mi padre también, no tenía a nadie que me escuchara y Juan empezó a voltearme la tortilla.

Él siempre estaba ahí esperándome durante la vocacional, pero luego conoció a mi padre y la cosa cambió.


Juan era muy divertido, lo quería al grado de ir a visitarlo a su casa. Solo que por la noche él no me llevaba a mi casa y me sentí insegura. Después de todo me asaltaron y curiosamente él conocía a los asaltantes. Él empezó a trabajar para solventar sus gastos, entonces él conoció a una chica en su lugar de trabajo. Yo siempre lo iba a ver, lo esperaba durante horas a que saliera, pero aquella chica me miraba raro, luego le dije mi inquietud pero él negó sentir algo por ella.

Yo sabía que eso no era verdad.

No voy a contar lo que pasó, solo que al final empezó a salir con esa chica y yo estaba por cumplir18 años.



Fue en esa semana cuando mis padres pelearon, fue horrible, yo tenía mis audífonos y escuchaba a full HD Battle for the sun, pero ese día mi padre llegó más loco de lo normal a tal grado que mi madre lo golpeó en su defensa y lo descalabró.

Mi padre y yo no olvidaremos ese día, porque fue el día en que inició mi adultez.

Me voy a divorciar de tu madre.

Ella le había metido una demanda y él la obligó a ingresar a un hospital psiquiátrico. 

Cuando justamente cumplía 18 años, mi madre fue internada y mi padre me dijo:

"Bienvenida al mundo de los adultos"

Cuando volví a ver a mi madre, ella estaba totalmente drogada, días antes me había gritado que era mi culpa, que me odiaba... Así como cuando era niña y llegaba llorando de la escuela.
Pero ese día la perdoné.

Que bueno que estás aquí hija.

Y se quedó dormida.

Yo no sabía qué estaba pasando con mi vida. Sólo que no sentía ni siquiera ganas de estar con mi amor IPN, no entraba a clases, me llevaba mal con todos, incluso mi promedio era de 6.

Luego apareció Krishna a escena.

Los ratos con él me ayudaban bastante pero tenía la seguridad de que él me iba a hacer lo mismo que Carlos pues porque: chico guapo, inteligente, nunca miraba atrás cuando nos despedíamos...
Esos hermosos ojos a veces parecían que se burlaban de mí.

Casi no le conté mi vida a Krishna, porque él se reservaba bastante con la suya.

Él fue el pilar de mi vida y quizás lo que me mantuvo con vida, él era casi mi ejemplo a seguir.

Sentía envidia de que él estuviera en mejor situación que la mía, a pesar de que todo lo pintaba muy gris, yo sabía que no era así. Si yo le decía algo, él me daba una buena solución, pero él no entendía que las cosas nunca eran fáciles para mí, aún así yo lo escuchaba, su preciada voz me mantenía feliz y solo eso me bastaba.

Sabía que él tenía a su madre, cosa que yo ni siquiera podía ver.

Él hasta cierto punto contaba con su hermana y yo no.

Él gozaba de buenos conocidos y le iba de maravilla en la escuela, mientras que yo estaba viniéndome cada vez más abajo.

Yo era muy tóxica, pero tenía buenos deseos e intensos de estar con él, pero cada vez que lo veía me daba cuenta de que él solo me veía para una sola cosa...

Mientras que yo era capaz de dar mi vida,  incluso compartirla y entregarme totalmente a él, él me obligaba a tomar la maldita pastilla. Era como si no me contemplara a futuro, como si negara completamente algo que de todos modos no pasó. Y mientras tanto yo quería mi vida junto a él.

Y peor aún, después de arruinar cada vez más mi vida, pasaban días sin verlo, sin saber de él, a lo que supe que yo no era vital en su vida como él lo era en la mía.  Yo sola me estaba engañando al salir con él y creer que llegaríamos a algo serio, cosa que él poco a poco me fue dando a entender que jamás ocurriría.

Lo único que jamás dejaría es el atletismo.

Necesitaba cosas reales para no derrumbarme más, fue entonces cuando en la página de la escuela subieron que darían una certificación de Android.

Como no tenía ni un quinto la rechazaría pero al leer la convocatoria supe que era gratis.

Me inscribí sin saber lo que hacía realmente.

Pasaron semanas y no supe nada de nada, pensaba que había sido rechazada una vez más.

Entonces un buen día me llegó un correo.

Esa sensación de mi vida ya la había sentido, fue la misma de cuando leí en el periódico mi folio con el número que empezaba en 5, sí, ese el que decía que entraba al IPN.

Salté como si fuera Nana Komatsu.

Ese cursito, fue la luz de mi vida.

Krishna, una vez en la vocacional, me preguntó que porqué insistía en ver mi correo y qué esperaba con tanta emoción. La verdad es que desde que lo abrí siempre ha llegado algo inesperado.
Y esa vez no fue la excepción.

Al llegar la primera vez estaba tan emocionada que en el receso tiré azúcar en la mesa, me temblaban las manos y sentía la inercia de todos.
Había chicos de la Bátiz, de UPIITA, de ESCOM, de la UNAM, bueno, estaba la crema y nata del Instituto ahí metida y yo me sentía como una pelusa.

El que impartía el curso era un joven de ESIME, muy inteligente, los otros dos chicos eran también de ESIME, y se dedicaban en las ondas de Google, con verlos se notaba que eran brillantes...

En fin, todos los que estaban ahí tenían objetivos y metas fijas o al menos sabían lo que no querían.

Esos meses fueron importantes en mi vida, después del inglés yo iba a la certificación, y como había dicho anteriormente, los sábados siempre eran especiales.

Fue en agosto cuando me estaba normalizando. Mi madre había salido del hospital, pero necesitaba cada 4 y 6 horas medicación, aún así ya no nos acosaba como antes y por consecuencia hubo mucha paz.

Recuerdo que en esos días empecé a relacionarme más, tenía amigos: tenía a gabo, tenía a Diana, a Monse, a Saúl, mi padre ya no llegaba tomado y yo era feliz teniendo una vez más los sábados ocupados. 

Un buen día estábamos hablando de mis exnovios, estaba con mis amigos, en mucho tiempo no había estado tan risa y risa desde que estuve con Vero, Wendo y Aby.

Dando la vuelta al edificio de ingeniería. Pasó algo a paso de segundos... en cámara lenta.

 ¿A quién fue a quien vi?

Ese azul de siempre.

Carlos.




Segunda parte


Religión

El chico de azul se llama Carlos, después de aquella salida al cine mis pensamientos no estaban centralizados, y desde ese día comenzó algo llamado juventud.

Aquella noche era fresca y tenía mucho frío, nos fuimos en taxi; era la primera vez que lo tomaba sin mis padres, lo fui a dejar a su casa y me fui caminando. Nunca había sentido tanta calma en el ambiente. 

Dicen que mi pueblo está de miedo por la noche y como había comentado estaba de moda que las mujeres aparecieran en lotes baldíos o las subían en un carro y ya no regresaban, pero no sentía miedo.

Al día siguiente no hablamos, de hecho no recuerdo cuantos días estuvimos incomunicados hasta que una tarde me agradeció lo de aquel día y me invitó a salir de nuevo.

Una vez más acepté.

Pero como su novia.

Eran las 5 de la tarde y nos vimos frente a la iglesia. 

Sí, esa en la que acostumbraba ir durante la secundaria. Yo solía ir ahí para relajarme. Los sábados eran mis días especiales, eran sumamente tranquilos, por las mañanas iba a tocar el tambor (algo que me encanta) y después salía por un boing, luego por unas brochetas de fresa y me iba a la iglesia.

¿Por qué iba? Porque veía a los niños.

Eran como 20 niños, y una chica que les estaba enseñando cosas de religión, era sumamente divertido escuchar sus risas, los chistes de ella, la forma en que socializaban, era como ver un grupo de pingüinos.

Veía algo fascinante en eso, el perfume del jardín o el cielo completamente azul que contrastaba con las flores y el escenario, lo hacían ver como un dibujo de libro de cuentos.

Yo jamás me atreví a entrar a la iglesia sola, siempre me quedaba en el patio.
Me daban mucha envidia esos niños, sus padres realmente sentían la obligación de que sintieran fe. Cosa que en la vida había sentido con mis padres.

La cosa es que desde niña siempre veía a los niños, ¿por qué yo no puedo ser como ellos? ¿Por qué mi padre detesta el catolicismo? ¿Por qué mi madre está empeñada en que existe un Dios y te castiga si cometes relaciones sexuales?

Nunca entendí eso, pero entonces comenzaron las pesadillas.

En el más intenso de ellos yo estaba vestida como Cosette, iba en una carroza negra y había una lluvia que parecía rocío, un enorme jardín de rosas rojas y blancas que adornaban un camino cuadrado de piedra caliza.
La carroza empieza a bajar la velocidad entonces por la ventana se ve una iglesia y al entrar en ella todo era hermoso. Luego me miro en un espejo y despierto.

Había veces en que al mirarme en el espejo lo podía atravesar, algo así como Alicia.

En fin, aquella vez estaba en la iglesia y luego Carlos apareció. Recuerdo que traía la misma ropa del otra vez y no dijimos gran cosa en ese momento.

Dimos literalmente el rol, comenzamos a caminar en dirección al centro del municipio.

Hablamos durante horas, pero era extraño, era como si hablara con mi igual.

Cuando decía una palabra él la completaba o al revés. Cuando decíamos una cosa respondíamos con la misma firmeza. Historia, geografía, música, era como si nos conociéramos de años.

Y al llegar al centro del municipio ya era de noche y volvimos a caminar a casa.

Recuerdo bien la luz de la luna porque no había luz en muchas colonias. Jamás nos tomamos de las manos y tampoco nos miramos a los ojos. Sólo hablamos.

Habíamos caminado tanto que al llegar a otra iglesia paramos a descansar. Ahí había un kiosko.
Había muchos jóvenes ahí, chavos, solo había un par de chicas.
Entonces Carlos los fue a saludar. Pero supe que algo no estaba bien. Él no se sentía a gusto. Lo sabía porque de cierta manera en la escuela hacía los mismos gestos que él.

No dije nada e intenté ignorarlo. Por alguna razón entendí que él quería presentarme ante ellos, pero bien sabía que él esperaba que ellos esperarían una joven más normal.

Cuando  volvió a mí bajamos de ahí. Ya estaba completamente oscuro.

Cruzamos la calle y entonces él me preguntó qué tenía. Yo no sabía como responderle, lo cierto era que tal vez él lo notaba, yo no era alguien a quien presumir a tus amigos por su belleza, aún así no dije nada.

Él me abrazó como se abrazan los enamorados e intentó besarme.

Y lo hizo.

¿Qué sintió la autora al besar al chico de azul?

Primero unos labios extremedamente suaves, húmedos, luego sentí la mirada de los chavos que estaban en el kiosko, luego abrí mi boca más y sentí como él empezaba a meter su lengua en mi boca, mi corazón latía con fuerza, respiraba con dificultad y mis piernas comenzaron a temblar, por alguna muy extraña razón quería traerlo hacia mí, quería tocarlo de su espalda y empecé a bajar las manos y luego sentí....

Lo empujé con fuerza.

En ese momento recordé alguien, algo, y estaba con la boca abierta.

Lo había empujado tanto que él me miraba con una sorpresa tremenda.

Quería disculparme pero no dije nada.

Nos fuimos sin decir nada pero esta vez ya nos tomamos de las manos, recuerdo estar tan apenada que me puse colorada, pero él no lo notó, estaba entre molesto, decepcionado, quizás triste.

Él nunca va entenderlo.

Al llegar a la principal, él me dijo que me llevaría a mi casa, pero me negué (razón, la explicaré después) y yo fui quien lo dejó a la suya.

Al llegar ahí hice una broma muy mala de que me dejara pasar por presentación. Pero entonces vi en su mirada un no muy cortante.  

Me hirió eso, especialmente porque a su madre ya la conocía, al igual que sus hermanas, supe entonces que yo era un secreto, tanto para sus amigos como para su familia.

Me despedí y me largué con su decepción en la mente.

Al día siguiente pasó algo muy horrible.

Juan estaba en la entrada de la escuela con rosas.

Tenía una mirada muy abierta y cuando me vio saliendo de la escuela sonrió con sus mejillas rojas del calor que sentía y sus ojos brillaron.

Me dijo que su situación no era buena, que de hecho nunca lo fue, pero que haría lo imposible para verme a diario en la entrada de la escuela, esperaría por mí todos los días para llevarme a mi casa y tal vez salir o dar la vuelta a algún lugar.

Sentí una infinita tristeza de ver como uno me esperaba a diario, de ver como los compañeros lo apoyaban, mientras tanto Carlos mantenía lo nuestro en sumo secreto.

Luego pasó algo más triste.

Carlos subió una foto a su perfil de msn de una canción de pxndx llamada procedimientos para llegar a un común acuerdo.

En el video salen unas chicas encuerándose y practicando sexo con otras mujeres. Le pregunté acerca de eso y no me explicó mucho, sólo que el video estaba bien chido.

Después de eso pasó algo sumamente extraño.

Él me dijo que una amiga suya le estaba enviando videos y que incluso le dedicó una canción: You've got a friend.
A principio creí que me la estaba dedicando, hasta que me dijo de otras dos canciones que la misma chica le había dedicado.

Los celos se me reunieron, era la primera vez en la puta vida que los sentía.

Fue tal esa sensación que tuve que hablar con la amiga que teníamos en común y que me explicara si él era buen partido o no.

Ella se sinceró conmigo y me dijo una realidad espantosa.

Me dijo que al inicio de conocerme, él había intentado que ella fuera su novia, de hecho siempre iba a verla a comprar cosas a la tienda y ella lo rechazó.

Aquellas palabras me hirieron el orgullo además de que violaban una de las normas más importantes de mi vida:

Jamás te enamores de alguien que ama a otra persona.

Aquellas palabras me hicieron hueco, estuve deprimida, ya ni siquiera tenía ganas de verlo.

En ese momento también me sinceré con mi amiga, le dije que en ese momento ya no estaba segura de lo que sentía y que en ese mismo momento yo elegiría más a Juan.



La verdad fue más por despecho, porque ¿quién querría andar con alguien que solo está buscando ver qué pescar?



Me sentí muy humillada, si esa era la realidad con Carlos, pues qué trágico.



Ella me prometió que hablaría con él y que investigaría quien era la chica que enviaba esos videos. Pero la verdad es que ya no hacía falta.
Solo era cuestión de tiempo.

Cuando volvimos a salir, él tenía esa playera azul del hi5, mi chico azulado.

Estaba sin bigote, sus brackets estaban limpios y se veía muy desafiante.

En vez de entrar al cine, fuimos a la plaza. Ahí caminamos sin decir nada, me sentía incómoda.

Él ya no me sonreía.

Al contrario, al llegar a un área de artículos para el hogar, había camas, mesas, y espejos ya se me veía totalmente deprimida, yo fantaseaba que nos meteríamos a un lugar, él me besaría y bueno cosas... Pero en vez de eso no se me acercó ni un momento. De hecho ya no me seguía el paso, incluso hubo un momento que caminó y lo perdí de vista, cuando regresó estaba sumamente molesto.

Él empezó a cuestionarme, me hizo preguntas raras y yo le pregunté ¿qué ocurría?

En ese tiempo tanto él como yo éramos muy diplomáticos así que nunca supe lo que en realidad me decía, solo que en el fondo sabía que mi amiga le había dicho sobre Juan.

Ese día fuimos al cine por última vez. Al terminar la película salían unas chicas tipo scort que bailaban en cueros, él solo se dedicó a babear por ellas. Me sentí tan mal que al salir de ahí ya lo único que deseaba era irme a mi casa y llorar. Tomamos un taxi, y fui a su casa a dejarlo.

Días antes había sido el día de los muertos, y durante el camino había comprado un collar. Aquella vez mi chamarra se rompió y me veía totalmente escotada y acalorada. 

Pero él no se sorprendió.

Él a penas se despidió, y comencé a llorar.
Me sentí una completa tonta, ni sabía que estaba diciendo. Entonces le dije algo que no olvidaré.
Lo terminé ahí frente a su casa.

Él intentó calmarme, pero de nada servía.

Eran las 10 de la noche entonces lo vi a los ojos y me dijo que superaríamos todos los obstáculos, pero ¿cómo era eso posible? 


Luego lo aceptó.

Me sentí verdaderamente terrible.

Días antes estaba en esa calle con mis amigos, uno de ellos mi exnovio, pasamos frente a su casa porque quise que así fuera, me dijeron que lo pasara a saludar. Pero no me atreví por el trauma de no haber sido invitada una vez. De repente él salió como un vago hacia la papelería, pero ni siquiera me vio. Mi amiga lo mandó a llamar y él solo me dio un beso en el cachete.

Aquel día supe que ya no lo volvería a ver. Ni siquiera volvería a esa calle.

Entonces di un paso hacia atrás y empecé a correr.

Tenía mucho miedo.

Miré hacia atrás pero él estaba entrando a su casa, y me detuve a contemplar la calle vacía.

Con lágrimas en los ojos comprendí que él no me amaba, de hecho era obvio que ya no me quería y que ni siquiera le gustaba.

Mis huesos temblaban y sentía un escalofrío espantoso, era esa sensación espantosa de ser rechazada, la conocía bien, ya la había sentido varias veces.

De repente la calle se me hizo peligrosa y toda la paz que sentía se desvaneció en la oscura noche, sin estrellas ni luna.

Él me había dicho, el día en que fuimos al municipio, que era ateo, yo le dije que no creía en nada, solo que aveces aparecía un ente misterioso que hacía que mi vida fuera un caos.

Esa noche tenía tanto miedo que el pánico hizo que corriera, de repente me vi rodeada de la nada, me quedé en el asfalto ahí petrificada, no sabía donde estaba ni que estaba haciendo.

Dejé de llorar y me fui con todo el valor que contuve para irme a mi casa.

Él no me siguió.

Pedí al ente misterioso que no me pasara nada. Y al llegar a mi calle me sentí mejor.

Al día siguiente estaba besándome con Juan en Chapultepec.

El collar era para él, pero cuando se lo iba a dar no lo encontré nunca.



La frase favorita de Carlos era Niña de poca fe.

Y la odiaba.