sábado, 4 de junio de 2016

Miradas que asesinan

Continuación



La Caída


Como decía, yo vivía en un mundo complejo, que nunca entendía.

Cuando mi padre me dijo "Bienvenida al mundo de los adultos", entendí que esa niña llorona se iría al carajo y que estaría sin su apoyo.

Al estar con Carlos podía ver la vida de manera diferente, sentía que tenía un soporte para hacer las cosas que quería hacer.

Y fue así.

Entre más lo conocía más me daba cuenta de que no podía existir una época tan tranquila.

O al menos eso fue al inicio.

Un día de regreso a la escuela, no concordamos en algo, además de que ya no confiaba tanto en él, las personas siempre peleamos por estupideces que finalmente no recordamos. Yo no recuerdo tal cuál lo que pasó. Sólo que empezamos a forcejear en la delegación, tanto que eché a correr.

Cuando me alcanzó él hizo algo que cambiaría la relativa paz que existía entre ambos.

Tomó una pluma de su mochila y se la clavó en su cabeza.

Yo intenté arrancarsela de las manos, pero entre más intentaba quitársela con más fuerza apretaba, hasta que de repente veía su cabeza sangrante.

Pues sí, entré en pánico y sí me asusté muchísimo.

La siguiente vez que pasó algo fue cuando íbamos de regreso a nuestras casas.

Forcejeamos otra vez, él golpeó y entonces llegó la policía.


Yo no voy a contar a detalles qué pasó hace doble de años antes de ese día, pero no era la primera vez que la policía me captaba, creo que a la mayoría de los jóvenes en México (que anduvimos de vagos) nos han garchado, pero Carlos era totalmente casero y cuando vi que los polis se acercaban sabía lo que debía hacer antes de que me quitaran el poco dinero que tenía y como no tenía dinero con seguridad diría que hablarían a mis padres.


Así que me hice tonta y salí casi corriendo de ahí.

Al caminar poco a poco me iba dando cuenta de lo absurdo de la situación.

Cada paso me daba cuenta que no era correcto, en primera no debimos discutir, en segunda por qué gastarse la vida peleando...

Y cuando llegué a mi casa pasó algo. 

Duré horas sin saber qué hacer.

Y luego él apareció.


Lo correcto era que termináramos en ese momento, pero en vez de eso, él quería estar en buenas manos conmigo. 


Los siguientes días fueron muy difíciles, me di cuenta de que podía estar a centímetros de él y nunca se daría cuenta de mi presencia, incluso podía darme a la tarea de tocarlo y jamás me sentiría. 

Su distancia me entristecía pero que fuera invisible ante sus ojos, eso me mataba.

Y entonces pasó otra tragedia.

Ahí estaba la clave.

En ese momento el grandísimo innombrable apareció una vez más a mi vida. Hablábamos. Al siguiente día estaba sacada de onda. La cosa es que él me aconsejó de terminar con él, a su perspectiva él me había golpeado y eso no estaba bien.

Para mí estaba tan en lo cierto que me dio un vuelco.

Otro día estaba con Carlos  otra vez en la delegación y pasó algo.

Intentamos hablar, pero no resultó.
 Recuerdo ese día muy bien.

Empezamos a pelear bastante hasta que otra vez me di a la necesidad de forcejear con él. De repente pasó algo peor.

Me obligó a ir a un café internet.

Yo no quería y salí corriendo de ahí. Corrí. 

¿Hacia dónde corren las niñas?

...y de repente sentí como si un carro me aplastara.


Sentí el jalón más extremo de mi vida.

Mi ropa, mi mundo, todo giraba... 

Caí al suelo totalmente atemorizada, golpeada y casi humillada porque mi blusa se salió y oh dejó ver lo que con tanto esmero ocultaba con mi saco.


¿Señores, qué está pasando aquí?

Nos hicieron preguntas como ¿están drogrados? ¿En qué estában pensando? ¿De dónde son?

Al estar ahí con la policía y verme en jaque una segunda vez, cometí un acto totalmente desleal.

-Es culpa de él.

Y me fui, yo creo que hasta los polis se sacaron de onda.

Y lo arrestaron.

Yo no miré hacia atrás, lo único que quería era irme a mi casa.

Bienvenida al mundo de los adultos...


Corrí hasta una parada del bicentenario.



Y oh...


Se me querían salir las lágrimas...


De repente, en la siguiente parada, subió alguien:

Gabriel.


Al llegar al metro le conté todo lo que había pasado, tenía la garganta cerrada y me costaba hablar, aún así él me escuchó.

Y me hizo una pregunta que no olvidaré jamás:

Si te hace todas esas cosas, ¿por qué sigues con él?

Al entrar a la universidad recuerdo que una vez me puse mal, Gabo me escuchó esa vez y me puse a sollozar en su brazo (fue días antes de volver a ver a Carlos), la razón esa vez era a causa del innombrable.
Porque lo amo.
Después de esa escena me fui a mi casa a pensar. Pero, después sí que pasó algo. 

El inombrable volvió.


Él me dijo que esperara y no venía, tenía tantas ganas de decirle lo que ocurría.

Ya me iba a ir decepcionada de no verle, casi iba a llorar, pero al mirar atrás lo vi.

No había cambiado nada.

En vez de decirle lo mal que la estaba pasando nos dedicamos a vagar sin hacer grandes cosas.

¿Eso era una relación para mí? ¿Así era feliz? 

No fue la última vez que lo vi.

Incluso en una de esas veces él me dijo que en ese momento él volvería conmigo.

Pero yo sabía en el fondo que no iba a funcionar, por alguna razón sabía que al final yo no pertenecía a los suyos.

Y cuando me vi en el peor escenario, me frustré.

***


Las días que viví con él, fueron los más pasionales, románticos, felices e inolvidables de toda mi vida.

Cada palabra suya, cada mirada, cada juego, cada paso que dábamos, cada canción que cantaba, cada descanso, respiración, cada escape, cada que...


Era como estar drograda. Era como regresar a la vocacional. Era como morirse de amor. Era como meterme a una canción de La oreja de Van Gogh, no ni siquiera los conciertos de La Oreja de Van Gogh o esa sensación de verlos o escucharlos por primera vez o su música me llenaban tanto cuando estaba con él. Era el éxtasis más grande de mi vida, de hecho se acercaba a algo que era más que amor, era  dejar este mundo por uno mejor. Literalmente sentía que era como una cometa que volaba sobre todo el espacio y él era el universo.


Había veces en que sentía que estaba en un sueño y lo era.

Sus besos...

Y luego llegó la epifanía.



A veces por las noches mi madre en su locura iba en mi búsqueda y cuando llegaba a mi, pasaba una hora frente a todos gritándome.

Me dijo de todo, pero mi cabeza y mi corazón estaban con él.

***




Ahí estaba en aquella estación, frente el metrobús, junto el metro, en aquel parque, en aquel jodido lugar grisáceo con una pastilla diminuta en la mano y una botella de agua en la otra.

Tomé agua rápidamente mientras pensaba:

¿Qué diablos está pasando? ¿Por qué me vuelves a hacer esto? ¿Qué te hice yo para acabar así? 


Él solo me decía cosas inciertas, cosas para que él se sintiera mejor.

Y corrí otra vez. 

Solté mis cosas, no quería volver a verlo.

Luego la nada.



Había cometido un acto contra mí misma.

Y él no lo veía.

Cuando regresé a mi casa estaba cansada pero la realidad era que había cambiado de por vida, hasta ese momento lo único que tenía era a mi abuela que se moría, mis tías que pasaban el día gritándose, mi madre y su esquizofrenia, mi padre que por x o y razones llegaba tomado y las acciones de Carlos que me herían. Pero en ese momento yo no pensaba en ellos.

Yo pensaba en el innombrable.



***


La luz mortecina me hacía estremecer y él salió de la habitación y yo me quedé ahí en ese baño sin saber realmente qué hacer. De repente lo vi sentado ahí. No como la primera vez, esta vez era algo raro. Miré sus ojos y lo supe: Indecisión.

Además era algo que no existía ya, algo que no estaba, ese algo que estaba en las calles de las colonias Michoacana, Guerrero, Lindavista, Centro...

Él brillaba en mi mundo pero en ese momento él  ya no brillaba para mí.

Salí de esa habitación con ganas de llorar y gritarle al mundo. Ya no lo escuchaba. Mi corazón lo sabía, él no me pertenecía.

De repente estaba frente a él intentando mirarlo a los ojos, intentando entenderlo, pero sólo estaba el universo oscuro en sus córneas.

Y luego hice algo que no podré olvidar jamás:

Lo miré fijamente a los ojos y le dije lo más doloroso que pude haber dicho.

...No vuelvas a traerme aquí.

Esas palabras tenían el mismo efecto que arrojarme a la nada, mis piernas me temblaban y mis palabras se desvanecieron en aquella noche.
Pero eso no fue lo que me dolió más:

Fueron sus ojos.

Pude verme a mí misma, pero lo más importante eran las gotas acuosas en sus párpados.

Él estaba llorando.

Me quise morir ahí.

¿Hacia dónde corren las niñas?

Yo nunca lo hubiera abandonado, pero en ese momento me sentía tan mal, el frío viento me daba en la cara y mis sentimientos estaban encontrados.

Me di la vuelta y escuché mi nombre.

Marisela...

Pero no miré atrás.

Marisela...

Y cuando llegué a lo más profundo del metro, mis piernas falsearon y quedé ahí rota en las escaleras.

No lloré, simplemente me llevé las manos a la cara y me quedé ahí sentada sin pensar.


Esa fue la última vez que lo vi.

***


Lo extraordinario de esto. Es que Carlos jamás lo notó, de hecho nadie hasta ahora lo sabe, sólo tú querido lector.

Lo que pasó después va de más.

Estuve como zombie casi dos meses y nadie se dio cuenta.


Mentiría si dijera cosas como "he aprendido a superar con el tiempo" o tonterías como "supe que fue lo correcto".

Yo la verdad nunca sabré qué está o no está bien, lo que sí puedo decir es que sí cambié además de que ahora estoy segura de algo:

No quiero que me vuelva a ocurrir eso; de hecho no volveré a escribir acerca de esa fase de mi vida.


Antes de llegar al punto debo aclarar que no todo era oscuro.

De hecho a pesar de tan deplorable situación tuve uno de los momentos más mágicos de mi vida junto a Carlos.


Luces, conciertos, vida en aeropuertos, miradas de complicidad...


Fue el Primera Fila de LOVG, fuimos invitados y básicamente era uno de esos momentos en los que pasamos juntos que no olvidaré.

Y sólo con él pudo haber pasado.

Joder, salí en discos de LOVG, incluso documentales, tengo miles de fotos junto a ellos. 

Joder conmigo.

Luego fue Leire quien partió mi corazón.

¿Adivinen quien se enteró de lo que pasó y no dijo nada?

Sí, Carlos.

Y eso en vez de enojarme lo tomé a reto.

Nunca sentí el puii puii como aquellas veces.

¿Era desquite? ¿Era el amor que había dicho a Gabriel que sentía a Carlos? ¿Era esperanza? ¿O deseo?

Lo que sea, pero lo que sentí hacia él fue incrementando poco a poco.


Aquí diría:

"Happy Ending"

Pero soy Mariyselita y este es solo el comienzo de esta historia.

Además que siendo yo siempre pasa algo que cambia todo.