miércoles, 31 de diciembre de 2025

Agradecimiento 2025



Karma y el conejo de azúcar


La primera vez que fui con Andrea al Izakaya sushi que está en Álvaro Obregón, la verdad es que estaba estresada. Estaba así porque ya llevábamos dando vueltas por medio Álvaro Obregón y no sabíamos qué comer.

Al entrar estaban, como comúnmente es en la zona, grabando algo dentro del restaurante. Aún así nos dieron mesa, ella pidió un sushi que, habitualmente, no se terminó.

Fue el día en que ella al fin se dió cuenta de algo muy particular. Sonaba de fondo Padam Padam de Kylie Minogue y yo empecé a tararear, ella no entendió lo que yo estaba diciendo y en su mirada hubo esa mirada que casi todos me hacen y solo quiere decir una cosa: "eres tonta, no se te entiende".



    This place is crowdin' up


Y ese evento puede definir lo que significa este año. Ese día, a pesar de que me miró como si no supiera hablar inglés, tuve la paciencia de explicarle quién era Kylie Minogue, que no la había visto en concierto porque hacía años que no venía a México, pero era de mis cantantes favoritas, básicamente tenía nociones de la letra de esa canción. Creo que a ella le valió mi explicación, buscó la letra para contrastar y ya no me dijo nada. Disfruté el sushi, a pesar de que no me gusta comer rodeada de personas y menos si están grabando y salí satisfecha.

Para ese momento en la historia, LOVG aún no se despegaba de Leire y les iba bien en conciertos. Ya no tenía trabajo, pero podía darme ciertos lujos porque estaba terminando la maestría. Yo no era libre, pero me sentía muy tranquila.

No se me olvida ese día, todo parecía tener un sentido. Y lo mejor de todo, es que estaba con Andy, yo la veía perdida, desubicada, pero realizada. El estar solo con ella podía mejorar mis días considerablemente y yo aún con esas faltas de respeto la he amado incondicionalmente. Sin embargo, notaba que la mayor parte del tiempo estaba en el teléfono, y tal vez fue mi error no pedirle que no hiciera eso, especialmente mientras comíamos. En el fondo sabía que hablaba con otras personas y es libre de hacerlo, lo que no sabía era con quién y por qué su desesperación de revisar sus mensajes constantemente. Ella solía poner el teléfono a la altura de su cara y sus lentes siempre delataban el reflejo del whatsapp. Y quizás eso fue lo que me hizo desconfiar porque ese día del sushi, por la ubicación y todo, fue super claro que prefería esas conversaciones, que hablar de Kylie Minogue conmigo.


Por eso digo que este año fue así, las personas que me rodeaban me hicieron sentir muy miserable, en el sentido de que no eran perceptivos que me doy cuenta que creen que no entiendo nada o que mi presencia no es obligatoria, incluso no deseada.

En el caso de Andrea era muy claro, pues no fue la última ni la primera vez que me hacía eso, lo que nos lleva a los pasados meses de verano. Aquella noche de luna llena en que al menos para mí había sido un día muy bonito y yo estaba radiante de felicidad, recuerdo que era la primera vez que la veía sonreír, y casualmente íbamos beso y beso, no nos soltamos de las manos, no quería soltar su cuerpo, no dejábamos de abrazarnos y decirnos cosas maravillosas... De repente hizo el mismo gesto de sacar su teléfono, pero esta vez sí fui capaz de preguntarle con quién hablaba, tal vez no era una pregunta tan inocente, pero en ese momento, no entendía su necesidad de agarrar su teléfono si ella había disfrutado tanto el día como yo y ese gesto lo percibí más orientado a querer liberarse para hablar con alguien.

Y ahí fue cuando todo se fe al demonio, mientras ella me decía que quería irse a casa y que la fuera a dejar, todo mi mundo se hizo pedazos. Porque alcancé a ver al user que le mandaba cosas del Instagram. Esto ya es personal de ella, lo que puedo hacer públicamente visible es que ella había ido a España a un intercambio y de febrero a agosto del 2025 no pude verla. En mayo, había notado que subía bastantes indirectas al ig. Esa fue la razón por la cuál intuí que a lo mejor se había peleado con una o varias de sus amigas. Yo le hice saber que me gustaría que me contara y que subiera nuestras fotos, que publicara que está en una relación, y que fuera más amable con las cosas que le escribía en facebook porque ya estaba muy raro que pareciera que había terminado una relación y a mí me ignoraba.

En vez de eso, en mayo aceptó que estaba triste por su amiga que la estaba mandando alv (sin especificar por qué), que ya no le hablaría y me aseguró que las personas ya sabían de mí y le daba igual subir la relación. Por eso aquella noche de luna llena en Parque Lindavista fue bastante dolorosa. No solo me confirmaba que seguían en contacto, también me confesó que no quería enseñarme la conversación debido a que ella le estaba rogando salir a citas, pero fue ella quien le mandó enlaces de tiktok. Y pues así la cosa, imaginen a su pareja rogando atenciones para otra persona, que les diga que ya no le hablan y todo sean patrañas. Me pesó porque aunque llevo separada ya años, yo estaba rogándole a ella salir constantemente y casi siempre acababa rechazada porque según ella estaba trabajando en la tesis (lo cuál terminó siendo también una completa mentira), a mí nadie me ruega salir y de repente me sentí una idiota por esperar algo así. 



Para colmo un señor apareció con su hija y la hizo saltar de aquí a allá como conejo, la escena fue tan dulce y dolorosa, como un espejismo de algo que nunca voy a vivir con alguien. Como cuando Arwen ve la visión de su hijo con Aragon y luego a su padre diciéndole que ese futuro no existe.

Solo soy un terrón de azúcar

Me deshice en ira, llanto y dolor, ese fue el día en que supe que jamás tendría hijos. He visto videos de mujeres que descubren una infidelidad y todo mundo suele burlarse de ellas, pero es que uno nunca sabe cómo va a reaccionar ante algo así. En mi caso llevaba meses sin ver a la persona que amo, sumergida en meses de depresión y ni siquiera me dejó verla cuando se fue.

Ella me vió muy dolida, intentó calmarme, pero la neta no dejé que me tocara y salí corriendo, al llegar a Metro Lindavista recordé todas esas tardes en que iba con Vero, Wendo y Aby al cine a esa plaza y cómo regresábamos al metro corriendo. Jamás en mi puta vida me imaginé que ese sitio, el cuál me traía tantos recuerdos hermosos, acabaría ahí llorando de esa manera deseando con cada paso arrojarme a las vías o desaparecer.

Ni siquiera me fijé cuando crucé la Avenida Instituto Politécnico Nacional, me gritaron lo que era, una estúpida.

Eso fue lo que pasó a finales del verano del 2025, una noche tan hermosa, convertida en una pesadilla.


Sin fallar, lo que tú puedas necesitar


Todo estará bien


Era la mañana del 7 de enero del 2025, yo no tenía trabajo y por eso me daba el lujo de despertar tarde. De repente, escuché en la cocina una llamada muy particular.

Me levanté con temor y escuché atentamente esas palabras y supe que aquello no acabaría nada bien. El día siguiente sería el cumpleaños de Andrea, por primera vez celebraríamos juntas. Entonces, me dió miedo que también a días que ella se fuera, no iba a ser capaz tampoco de verla en un día tan importante, porque esa llamada sonó a que nada estaba bien.

Escuché atentamente las palabras de esa persona, y no se quiso levantar del suelo. Le pregunté qué había pasado exactamente y me dijo que su padre había tenido un infarto, pero que estaban llevándolo al hospital y todo estaba bien.

Y solo pensé que aquel psicópata tenía un odio interiorizado muy cabrón hacia su padre. 


Me agaché y lo obligué a ir al hospital, en vez de eso, solo se cubrió la cara y dijo que no iba a salir ese día. Le quité la cobija de la cara y le dije muy seria:

-Escucha, esta tal vez sea la última vez que puedas ver a tu padre y despedirte de él.

 Ni una reacción, nada.

Solo un: Todo está bien.

Pero yo sabía que nada estaba bien.

Lo moví de su sitio e insistió en que estaba muy cómodo ahí.

Entonces le dije algo que no olvido desde la pandemia:

En México, el 60% de las personas que están intubadas, no sobrevive.

Se vió en la necesidad de moverse con semejante dato perturbador que vive en mi memoria desde el covid. Me vió y no había ni una gota de sensibilidad ni de miedo, pero sí de obligación.

Las frías palabras no pasa nada.

Esas palabras resuenan mucho en mi interior porque algo que pasó este año es que nada ha estado bien.

Cuando llegamos al hospital toda la familia estaba ahí, solo lo esperaban a él.


Sus hijas, a quienes conozco incluso de más años que a él, estaban asustadas, y mi querida Rosy, cargaba con la responsabilidad.

El señor era una persona sumamente trabajadora, siempre hacía algo, incluso en navidad y fin de año, era él quien preparaba los platos fuertes.

Mauricio era una persona muy constante, aunque su esposa y su hijo aún cargaban con sus errores del pasado... y puedo entenderlos, pues es probable que yo sienta lo mismo con mi padre: rencor.

Esa mañana estábamos en el Hospital Regional de Neza, había mucha gente y todos se acercaron a él a abrazarlo, pero él solo sonreía y se alejaba de ellos.

Le dije que comiéramos algo, pues desde hace 2 días que no comíamos. Yo estaba muy agotada, él aceptó y fuimos a un puesto de una casa abierta y sin seguridad.

Cuando regresamos al sitio, nos dijeron que iban a llevarse al señor a otro hospital, porque ese no tenía la infraestructura para tratarlo, yo no entendía por qué... El señor iba caminando en la calle y de repente algo pasó en algún puente peatonal y se desmayó.

En aquel hospital, recordé la navidad pasada, cuando su hijo le dió una caja de herramientas y él se sentó en su sillón con la cara desorbitada... mirando fríamente la escena.

Y es algo que se queda como arrepentimiento en mi mente. Yo en 2023 había hecho el oso gritando a mis compañeros que estaba pasando desapercibida por todos y que me sentía mal de salud, por eso sigo sin entender por qué no fui capaz de preguntarle en esa navidad al señor si necesitaba agua, si se encontraba bien, si necesitaba ver a un médico...

Nada...

Me quedé callada, la chica que habló millones de veces sobre el efecto espectador no hizo nada.

Su hermana, mi amada Fer, se acercó a mí y me abrazó. Yo sabía desde que la conocí, que ella amaba más a su padre que a nada en el mundo. En su familia siempre se sintió aislada, pero su padre siempre le decía cosas gentiles y dulces, mientras la abrazaba o acariciaba su cabeza, y ella sonreía en el sillón, con los ojos brillando al ver su querido padre.

Sentí miedo, ¿quién la abrazaría cuando se sintiera sola?


Entonces me motivé y pensé que a lo mejor él tenía razón, que todo estaba bien, me dije a mí misma que debía tener esperanzas, que todos las necesitaban.


Sacaron a su padre en ambulancia para trasladarlo, sus hijos y yo íbamos en un carro con su tío para seguir la ambulancia.


Ya habíamos llegado a la Avenida Texcoco cuando le llamaron al tío y le dijeron que habían tenido que bajarlo de la ambulancia y lo estaban resucitando.

El miedo se apoderó de nuestras caras.

Yo también entré en shock. 

En la carretera donde estábamos, hay un retorno medio extraño, el señor que conducía se puso a gritar de dolor, berreó de forma exagerada, se metió en sentido contrario por la carretera y con la cara apretada en el manubrio pisó el acelerador a toda velocidad. Cabe destacar que no fue su hermano el hospitalizado.

Muchas veces en la vida he tenido la sensación de que moriré atropellada o en un accidente de auto. Y es normal, por estadística, pensar así. Ese día no me importaba morir, pero los hijos del señor Mauricio estaban en aquel coche y entonces aquella sensación de desear morir se convirtió en supervivencia y desconfianza. Pude ver en esa reacción algo incomprensible, y yo mejor que nadie sé a dónde está dispuesta la gente para chingar. Inmediatamente me moví hacia adelante, tomé al sujeto del brazo y lo estrujé con fuerza y delicadamente le dije al oído:

Cálmese. 

Mi orden fue imperativa.

Todo estará bien.

Él levantó la cara y me miró por el retrovisor probablemente horrorizado por mi reacción, pero no me falla mi instinto al ver a un manipulador, su intención era obvia. Estaba asegurando su vida, no la de sus sobrinos al hacer ese movimiento. Se calmó, se incorporó al lado correcto y no dijimos nada el resto del camino.


La tragedia se avecinaba y mi querida Fer iba a mi lado llorando, y yo intentaba consolarla... Su hermano iba como si nada comiendo las quekas que compramos.


Todo estará bien...



El resto del camino pensé en el señor Mauricio, sin su ayuda no habría podido mudarme. Sin la ayuda de esa familia no habría tenido libertad. Eso es algo que jamás podré pagarles jamás. Fueron los que me llevaron a tener un buen camino y me demostraron cómo deben ser las familias, aunque prácticamente eso también dejara ver lo sola que he estado.

Al llegar a Toluca ya eran las 7pm, no quiero ni recordar el espanto de lo que pasó.


Esa noche le avisé a mis directores de tesis la situación y que no me sería posible verlos por un tiempo, pero ninguno se conmovió y posiblemente pensaron que les estaba mintiendo.


Las consecuencias de ese día fueron noches sin dormir y una depresión con la que aún sigo cargando.


Sin fallar, lo que tú puedas necesitar
Aquí va a estar, aquí está



Días después de aquel evento tan fatídico, salí con mi querida Yaeli, hablamos mucho de los traidores de van gogh, incluso fuimos a ver a The Warning en el Auditorio Nacional y puedo decir que las salidas que tuvimos al ir a Bellas Artes a un concierto de música clásica, comer con su familia en el Chillis de la Alameda Central, estar hasta las tantas de la noche caminando por esa zona e ir a comer burritos a Polanco después del concierto... Fueron las cosas más bonitas que me pudieron pasar en el año.

Si no hubiera sido por Yaeli, es posible que no hubiera tenido la fuerza para tolerar lo que pasó lo siguientes meses, porque en efecto, la depresión me invadió muy cabronamente, me enfermé horrible y tuve que ser operada de los ojos y cuando me alcanzó el tiempo para retormar la tesis, me afectó tanto de salud que toda la semana del examen de grado me sangró la nariz y no pude dormir. Mi directora de tesis incluso me presionó para darme de baja. Me obligaron a darles mi dataset para regalárselo a un chico de servicio social, sin darme la oportunidad de hacer un artículo de mi trabajo.

Me sentí todo ese tiempo muy sola, incluso di el rebote, no hacía nada, ni siquiera encender la computadora para buscar trabajo, me aislé al 100, aunque intentaba por todos los medios no dejar de estudiar alemán y programación... 

Nada. Con todo lo que pasó, fue como haber sido tragada por la cama, en ocasiones Andrea no me enviaba nada en días, y esas noches yo soñaba con despertar y encontrar sus mensajes en el whatsapp. El hecho es que aún tenía esperanzas de verla de nuevo, aunque ya era muy consciente en ese momento que ella estaba enamorada de su amiga, y que si seguía conmigo, era porque era más cómodo para ella no pelear por una causa que tal vez consideraba ya perdida o demasiado inaccesible, además ya había visto a sus padres y de alguna manera se sentía en la obligación de no verse mala onda conmigo.


Pero siendo honesta, nada ha estado tan bien en la relación.


Wildflower


Estábamos bajo los árboles de Chapultepec, habíamos ido a comer camarones y todo era relativamente feliz, pues esa era la despedida, ella se iría a España por meses y ambas estábamos aceptando ese hecho.

Acostadas viendo aquellos espacios, después de que ella hiciera bici, habíamos recorrido varios kilómetros. Solo quería relajarme. De la nada ella soltó que si nos acostábamos, sí...

Y acepté. Fuimos al oxxo que está en Constituyentes y compré lo inevitable, pensando seriamente en si era correcto aquello, pero sí quería estar con ella, quería tocarla, quería verla, quería que aquello fuera bueno.

Era 25 de enero del 2025, todavía tenía fresco lo que pasó semanas antes, pero lo deseaba. Oh, mi amada Andy, no tienes una idea de cuánto deseaba estar contigo... Fue lindo, hasta que de repente entró el pánico en sus ojos, cuando pasó aquel accidente.

Intenté calmarla, pero soltó que su vida estaba arruinada.

Ella no había querido ir al concierto de La La Land conmigo, ni al cine, ni siquiera a comer... No fue hasta el 22 de enero que la ví, reduciendo a días contados con una mano el tiempo en que pude verla. Ella había pasado su cumpleaños con la amiga de la que ya mencioné que posiblemente está enamorada.

Pero había algo más inquietante: Cuando me metí al baño, pude ver el maldito foco puesto en su lugar y me di cuenta que esa chica todavía seguía obedeciendo a Yasmin, pues en la escuela ella le había ordenado hacerlo y Andrea me había dicho que no lo haría porque no le importaba.

Me sentí muy sucia y no sabía cómo manejar aquella nueva información. Ella empezó a gritar desde la habitación mi nombre, entré a la habitación, la tranquilicé y la escuché, estaba arrancándose hasta los cabellos de la cabeza, aún había vestigios de tonos rosados en su melena y estaba muy asustada.

Oh, Andy, si supieras cuánto sufrí en ese momento... Mantuve la compostura en ese momento, como el día del hospital, no le pegué, solo le acaricié la cabeza y la abracé. Por dentro la que necesitaba ser estrujada con fuerza era yo, pero solo me salían sonidos casi inaudibles de la boca al tranquilizarla.

Me acosté en el colchón y pensé que si tomaba la maldita pastilla estaría cometiendo el error de hacer las cosas mal de nuevo, que aquello no tendría fin y que enfermaría gravemente porque esa madre me afecta mucho.

Y me negué a tomarla, y ella lloró. Le di mis razones y no le importó. Le rogué que me entendiera y ella no quería y no quería.

Cedí.


Me levanté y me dirigí a la salida y le hice el mismo gesto de despedida que alguien me hizo hace años...

Ella se quedó en la puerta del edificio de su departamento, ni siquiera la distinguía porque no había luz y eran las 9 de la noche.

Pedí un uber que no tardó en llegar, sonaba una vez She will be loved en la radio, y un nudo en la garganta se me formó porque otra vez me estaba pasando aquello. Pensé que aquello no era tan malo después de todo. Desde lo que pasó al inicio del año, había deseado consolidarme haciendo una familia.

Una familia de verdad.


Llegué a la Benavides que está en el circuito. Días antes había tenido una crisis muy fuerte y C. y yo nos habíamos peleado hasta los golpes (incluídas mordidas), tenía un moretón bastante pronunciado en la frente, ahora mismo no recuerdo que a ella le importase aquello porque nunca me preguntó si estaba bien.

Seguramente el que me vendió el levonorgestrel pensó que había sido violada, por la hora, los golpes en la cara, los ojos rojos de tanto llorar y la voz con la pena en la garganta.


Me miró con una cara nada encantadora, yo diría que le di miedo, mientras que su compañero estaba viéndome conteniendo la risa, nunca entenderé cómo puede darle gracia a alguien que una mujer sea golpeada.

En fin, compré lo necesario y viendo los edificios de aquel sitio abrí el blíster, le mandé un video y varias fotos a Andrea tomando aquello para que se fuera en paz a España.





Y luego me senté del cansancio y miré al cielo oscuro sin estrellas.

Deseaba con todo mi ser un lugar donde caerme muerta, una familia, dedicarme a mis hijos y no volver a pasar por aquello jamás. Estar con alguien que no me obligara a tomar anticonceptivos, que en vez de eso, realmente me quisiera en su vida y establecerse conmigo.


Spoiler, eso nunca va a pasar.


Entré al seven de unos metros pasando, compré unos audífonos, del estrés, miedo y frío... no podía pasar la maldita terminal en mi tarjeta... 

Salí de ahí escuchando música en mala calidad.

And I wonder
Do you see her in the back of your mind?In my eyes?
You say no one knows you so wellBut every time you touch me, I just wonder how she feltValentine's Day, crying in the hotelI know you didn't mean to hurt me, so I kept it to myself

Caminé por paseo de las jacarandas, ya eran las 11pm, todo estaba muerto, y yo estaba cruzando un puente en casi estado de abandono.



Esta ciudad es muy hermosa.

Al día siguiente enfermé, las defensas se me bajaron tanto... Mi boca se llenó de aftas y no podía comer. Mi sospecha inicial fue la pasta de dientes, en esa época prohibieron unas pastas dentales, pero seguramente estaba lo suficientemente triste por lo que pasó porque después de eso ya no volví a ver a Andrea, ni siquiera me quiso preguntar cómo estaba. Fue como si la tierra se la comiera.

Cargué con las consecuencias de mis actos pasando la mayor soledad posible. Quizás desde ese momento supe que lo nuestro nunca iba a funcionar.

No le importé, cuando volvió a cdmx para tomar su avión ni siquiera me avisó la hora de su vuelo, pero en instagram lo había publicado, era obvio, no quiso verme, pero esa información era para alguien especial.

Una tarde entré al facebook y me di cuenta que a las fotos de su amiga les había puesto conejos llenos de corazones, sentí horrible porque nos decíamos bunnies de cariño, cerré todas mis redes sociales y comencé a lesionarme de nuevo.